Padre Filiberto acusa a sacerdotes de diócesis Chilpancingo-Chilapa de «revictimizar» a indígenas desplazados por violencia

El director del Centro “Minerva Bello” criticó que el canciller y el obispo pusieran en duda, “sin pruebas claras”, la versión de comunidades indígenas desplazadas por la violencia en la Montaña baja

Texto: Rangel Ventura 

Fotografía: Jesús de la Cruz / Archivo

Chilpancingo, Gro., 18 de mayo de 2026.— El sacerdote José Filiberto Velázquez Florencio, director del Centro de Derechos de las Víctimas de Violencia “Minerva Bello”, cuestionó públicamente las declaraciones emitidas por representantes de la Diócesis Chilpancingo-Chilapa, quienes pusieron en duda la versión de comunidades indígenas desplazadas por la violencia en la región Montaña baja de Guerrero.

A través de una publicación en Facebook, el sacerdote expresó preocupación por los señalamientos realizados durante una conferencia encabezada por el obispo José de Jesús González Hernández y consideró que ese tipo de posturas contribuyen a la revictimización de las familias afectadas.

“Me preocupa profundamente que desde una autoridad eclesial se ponga en duda, sin pruebas claras, la palabra de comunidades desplazadas por la violencia. (Espero haya sido un error)”, escribió Velázquez Florencio.

El también defensor de derechos humanos criticó particularmente las declaraciones del canciller de la diócesis, Jorge Amando Vázquez, quien insinuó que algunas personas desplazadas podrían haber provocado incendios o actos de destrucción para presentarse públicamente como víctimas.

“Decir que ‘a veces presentan a victimarios como víctimas’ o insinuar que las propias personas desplazadas pudieron quemar sus casas para legitimarse públicamente raya en lo absurdo y contribuye a la revictimización”, sostuvo el sacerdote.

Velázquez Florencio señaló que el desplazamiento forzado no debe minimizarse ni interpretarse desde prejuicios religiosos o versiones oficiales, y llamó a escuchar a las víctimas y garantizar investigaciones independientes.

“El desplazamiento forzado no debe minimizarse ni interpretarse desde prejuicios religiosos o versiones oficialistas. Antes de sospechar de quienes huyen, habría que escucharles, protegerles y exigir investigaciones serias, independientes y con enfoque de derechos humanos”, agregó.

Finalmente, el director del Centro “Minerva Bello” afirmó que la Iglesia debe asumir una postura cercana a las víctimas de la violencia.

“La Iglesia está llamada a estar del lado de las víctimas, no a sembrar dudas sobre su dolor”, concluyó.

Las declaraciones del padre Filiberto surgieron luego de que representantes de la Diócesis Chilpancingo-Chilapa cuestionaran la narrativa sobre los desplazamientos registrados en comunidades de Chilapa y la Montaña baja, donde habitantes han denunciado presencia de grupos armados, quema de viviendas y desplazamientos forzados.

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