Alejandro Bravo y Pilar Vadillo piden licencia temporal en medio de su intención de permanecer al frente del partido, mientras el PRI enfrenta desgaste, pérdida de credibilidad y cuestionamientos por los altos ingresos de su dirigencia.
Texto: Rangel Ventura
Fotografía: Jesús de la Cruz
Chilpancingo, Gro., 18 de marzo de 2026.– En medio de una profunda crisis de credibilidad y debilitamiento político del PRI, los diputados locales Alejandro Bravo Abarca y María del Pilar Vadillo Ruiz solicitaron licencia temporal a sus cargos en el Congreso del Estado, en un movimiento que coincide con su intención de reelegirse como dirigentes del partido en Guerrero.
La solicitud —leída y aprobada por unanimidad en la sesión de este miércoles— establece que ambos legisladores se separarán de sus funciones a partir del jueves 19 de marzo, para reincorporarse el lunes 23 del mismo mes.
Aunque el trámite se presenta como un procedimiento administrativo, el trasfondo político apunta a su participación en el proceso interno del PRI, donde buscan mantenerse al frente de un partido que atraviesa uno de sus momentos más críticos, marcado por la pérdida de confianza ciudadana y resultados electorales adversos.
El intento de reelección no ocurre en el vacío. A nivel nacional, el dirigente priista Alejandro “Alito” Moreno ha sido duramente cuestionado por perpetuarse en el cargo mediante modificaciones estatutarias, en una lógica que ahora parece replicarse en las estructuras estatales del partido.
En Guerrero, el caso adquiere una dimensión adicional ya que ambos legisladores no solo concentran poder político, sino también ingresos públicos significativos. Como diputados locales, perciben salarios que superan los 300 mil pesos mensuales, a los que se suman alrededor de 50 mil pesos adicionales por sus funciones como dirigentes partidistas.
La licencia de apenas cuatro días también deja dudas sobre la naturaleza del proceso interno, una contienda que, en los hechos, parece transitar sin contrapesos reales y con estructuras ya alineadas a quienes buscan mantenerse en el poder.
Así, mientras el PRI intenta redefinirse frente a un electorado cada vez más distante, sus liderazgos locales optan por la continuidad, replicando prácticas que han sido señaladas como parte del desgaste que hoy enfrenta el partido.
Más que una simple licencia, el movimiento de Bravo Abarca y Vadillo Ruiz exhibe la tensión entre el discurso de renovación y la realidad de una clase política que, incluso en la adversidad, apuesta por mantenerse en los mismos espacios de poder.














Deja una respuesta