Cada 5 de mayo, hombres-jaguar de tres barrios protagonizan el Atzatzilistli, una ceremonia ancestral donde la sangre derramada simboliza fertilidad y abundancia para el campo
Texto: Jorge Martínez Dionicio
Zitlala, Gro., 05 de mayo de 2026.— El rugido de los jaguares volvió a escucharse en la plaza central de Zitlala, donde decenas de hombres caracterizados como “tigres” se enfrentaron a chicotazos como parte del ritual ancestral conocido como Atzatzilistli, con el objetivo de ofrendar su sangre a Tláloc y pedir fertilidad para los campos.
La ceremonia, que se realiza cada 5 de mayo, reunió a los llamados “hombres-jaguar” provenientes de los barrios de San Francisco, San Mateo y la Cabecera. Ataviados con trajes amarillos con manchas negras, máscaras de cuero y chalecos, los participantes portan reatas de ixtle con las que golpean a sus contrincantes en combates cuerpo a cuerpo.
Cada gota de sangre derramada, según la creencia local, representa una ofrenda directa a la tierra para asegurar un ciclo agrícola favorable. Aunque tradicionalmente estas peleas se llevaban a cabo en el Cerro del Crusco, en la actualidad el ritual se desarrolla en la explanada principal del municipio, ante la presencia de cientos de asistentes.
El sonido de los chicotes se mezcla con la música de viento mientras réferis supervisan que los combates mantengan su carácter simbólico y no deriven en conflictos personales. “Esto no es odio, es hermandad”, expresó uno de los participantes tras concluir su enfrentamiento, con visibles marcas en la espalda. “Venimos a pedir lluvia. Si no hay sangre, no hay lluvia”, agregó.
El Atzatzilistli es una de las tradiciones más intensas y representativas de Guerrero, al combinar elementos de la cosmovisión prehispánica con prácticas religiosas posteriores a la conquista. Para los habitantes de Zitlala, el sacrificio físico es parte esencial del equilibrio con la naturaleza.
Al caer la tarde, los combatientes se abrazan en señal de respeto mutuo. La plaza queda marcada por la tierra y la sangre, como testimonio de un ritual que, más allá del dolor, mantiene viva la identidad cultural de la región y la esperanza de un buen temporal.
















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